martes, 31 de mayo de 2016

EL SUEÑO EN LA BARCA

La niña morena que espera en la barca
caracolas blancas recoge del agua,
en la lejanía las olas regalan cantos de sirena,
mas ella no canta.
Sus ojitos tristes miran a la nada,
sobre el horizonte, nubes escarlata,
y en sus pies cansados lágrimas de plata.
Buscando refugio entre las mujeres
deja su niñez en aquella playa,
cientos como ella y una sola barca!
En el mar abierto se mecen las almas,
en el mar oscuro las voces se callan;
duerme, niña duerme, no pienses en nada,
y en el sueño mudo haz crecer tus alas,
promesas de soles y orillas lejanas...
Llegarán palomas con ramas de olivo,
después de la lluvia, siempre hay un mañana,
cerca de su pecho tres conchas de nácar,
la niña morena,
la niña olvidada.

Florinda ramos Gil, 2016

martes, 8 de diciembre de 2015

SNEGOROCHKA, LA NIÑA DE NIEVE

En el hogar de la humilde casa aldeana brillaban unos troncos encendidos. Por la ventana entraba la luz fría de la mañana blanca de nieve. Los dos viejecitos se habían recogido al amor de la lumbre, y abuela marucha rodeaba de brasas la marmita donde bullía la sopa en un hervor lento.

Abuela Marucha estaba triste, Habían pasado los años encorvándola con su pesadumbre y blanqueando su cabeza con la nieve de los inviernos. Habían pasado los años llevándose la ilusión de los dos viejos; la ilusión de que les naciera un hijo que les hubiera llenado de alegría la vida.

El viejo Yuchko trajo un haz de palos secos para avivar eñ fuego. La cocina se llenó del rumor de la leña al arder. Fuera se oía la alegría de unos niños que jugaban. El abuelo Yuchko se asomó a la ventana. Los niños bailaban y reían formando un corro alrededor de una figura de nieve.

- oye Marucha, ven y verás que muñeco han hecho – dijo Yuchko con entusiasmo.

Los dos viejecitos se reían viendo reir a los niños. El muñeco de nieve, gordo, rechoncho, tenía cierto parecido con el alcalde del pueblo. ¡Demonios de chiquillos!

De pronto Yuchko cesó de reir y dijo:

- Marucha, vamos a ver si nosotros podemos hacer uno pequeñito, ¿quieres?

- Pero , hombre, ¡que cosas tienes! ¿No ves que la gente se reiría de nosotros? Ya somos viejos para hacer esas cosas de niños.

-No importa – insistió Yuchko -, ya verás: procuraremos que nadie nos vea. Haremos un muñeco pequeñito; como un niño, así, muy lindo.

Abuela Marucha se dejó llevar.Retiró del fuego la marmita, se encasquetó un gorro de piel y salió con Yuchko. Al pasar junto a los niños que jugaban se detuvieron a jugar con ellos, saltando y cantando con la misma alegría infantil. Después se fueron retirando poco a poco hasta llegar a un bosquecillo donde los árboles eran altos y la nieve era blanquísima.

Los viejecillos comenzaron a amontonar nieve. Los dos, de rodillas, iban dando forma al montón blanco. Un niño pequeñito, como un bebé. Ya estaba el cuerpo formado. Ahora la cabeza. Un buen montón de nieve encima para que tuviera abundantes cabellos, dos puñados para las mejillas, un poquito, muy poco para la nariz, dos ahujeros grandes para los ojos...¡Ah! Ya estaba. Era precioso. Se abrazaban mirando su obra y bailaban de alegría, pero, de pronto se detuvieron atentos. Habían visto algo extraño. Se fueron acercando. Miraban asombrados y silenciosos. Los dos ahujeros de la cabeza del muñeco se fueron llenando de color azul, y en ellos nacieron unos ojos que miraban fijamente. La cara ya no era blanca; las mejillas se volvieron redondas y rosadas, y la boca se movía en una deliciosa sonrisa. Un soplo de viento hizo temblar la nieve, que se deslizó en largos cabellos dorados bajo un gorrito de piel y en blanco vestido que se confundió en plieges con la nieve del suelo.

El tosco muñequito se había convertido en una niña preciosa como una criatura de ensueño.

Los dos viejecillos se miraban asombrados. Sí, si, era verdad: no era un sueño; la niña estaba allí muy cerca y se movía y tendía los brazos llamándolos. Y, al cogerla y sentir el calor tibioy el beso con que los acariciaba, sintieron que la vida les renacía en el corazón.

Rápidos, apretaron a la niña entre los brazos y volvieron a la casa temblorosos de emoción y de felicidad.

Junto al hogar abuela Marucha brizaba a la niña en sus rodillas para dormirla con una canción. De la campana de la chimenea colgaba un gorrito de piel y cerca de la losa del fuego se calentaban unos lindos zapatitos blancos.

El viejo Yuchko se acercó para hablar en voz muy baja

- Oye, Marucha, ya tenemos una niña, la hemos hecho con nieve. Y estoy pensando que la debemos llamar Snegorochka, ¿Te parece?

La abuela asintió con la cabeza y con la sonrisa.

Durmieron aquella noche entre felices y temerosos de que todo hubiera sido un sueño muy corto, pero a la mañana siguiente allí estaba la niña junto a ellos, riendo y hablando contenta. Porque hablaba ya y había crecido en tan poco tiempo y sus cabellos eran mucho mas largos. ¡Era un encanto!.

Aquel día hubo gran fiesta en la casa. Abuela Marucha se afanó en preparar toda clase de dulces y golosinas. Abuelo Yuchko avisó a los músicos y a todos los niños y niñas del pueblo. Los bailes, las canciones, la alegría se prolongaron hasta hora bien avanzada. Los niños soñaron toda la noche con la preciosa Snegorochka de cabellos de oro y ojos azules.

Snegorochka parecía haberse escapado de un cuento maravilloso. Jugando con los niños les enseñaba a construir castillos y palacios de nieve con salas como de mármol y fuentes magníficas. Parecía como si la nieve obedeciera a las manitas de Snegorochka que le hacían tomar formas caprichosas e imposibles. Y cuando danzaba para enseñar a los pequeños como caían los copos en la nevada, primero en torbellino y al final lenta y suavemente, todos quedaban maravillados. Snegorochka era una niña de un cuento de nieve.

Se alejaba el invierno y la tierra, descubierta de blancura, se iba tornando verde. Los árboles comenzaban a cubrir su esqueleto con un vestido de hojas nacientes. El aire tibio se cargaba de cantos y aromas de primavera. El sol brillaba limpio.

Una mañana abuela Marucha cuidaba junto al fuego el hervor de la marmita rodeada de brasas. Abuelo Yuchko acababa de amontonar en la cocina un hacecillo de leña. Una mañana como aquella de invierno en que vieron jugar a los niños alrededor del muñeco de nieve; pero aquella mañana era triste y ahora estaba allí alegrando la casa y la vida entera Snegorochka; junto a la ventana, mirando el prado con florecillas doradas y los árboles verdes de hojas.

Yuchko advirtió que la cara de Snegorochka estaba pálida y que sus ojos se empañaban en una extraña tristeza.

- ¿Que tienes, Snegorochka, te sientes mal? - preguntó.

-No, no- respondió tristemente-, es que me falta la nieve y no puedo vivir sin ella. La hierba verde no es tan bonita. Es mas bella la hermosa hermana blanca- y Snegorochka tuvo un leve temblor.

Al día siguiente apareció tan pálida y tan triste que los dos viejos se miraron alarmados.

-¿Qué le pasa a la niña? - preguntó temerosa Marucha.

Yuchko no respondió. No sabía. Inclinó la cabeza ocultando un gesto de pena. Después se dirigió a Snegorochka aparentando contento.

-¿En que piensa mi pequeña? ¿por qué no sales a jugar al campo con los niños? ¿es qué ya no los quieres?

- No sé, padrecito Yuchko, pero siento aquí dentro como si al respirar el aire tibio se me deshiciera pocoa poco el corazón.

-Vamos, anímate- dijo el viejo- Ven con nosotros. Yo te llevaré en brazos y no dejaré que te llegue el viento. Verás que preciosas flores ha traido la primavera.

Marucha apartó la marmita del fuego. Salieron los tres al campo. Yuchko abrazaba a Snegorochka para defenderla de la brisa.

Un aire suave y cálido, perfumado de flores los envolvió. Snegorochka se encogió estremecida. Los dos viejecitos la animaron y la llevaron abrazada hasta un bosquecillo florido. Pero, al pasar junto a un grupo de copudos árboles, un brillante rayo de sol vino a herir a la niña como una espada.

Snegorochka desfalleció con un grito de angustia. Sus ojos se empañaron y se llenaron de lágrimas. Yuchko y Marucha aguardaban ansiosos y acongojados. El cuerpo de la niña se fue reduciendo, se fue deshaciendo poco a poco, y se fundió despacito hasta convertirse en menudas gotas de rocío sobre la hierba.

La nieve en las montañas se deshacía a los primeros rayos del Sol.





miércoles, 1 de octubre de 2014

OTOÑO EN LA PIEL


Otoño en la piel
y el día pasando
durmiente, acurrucado,
entre sábanas densas
con calor humano.

Y los ojos se cierran,
también como todo,
que no me toque la brisa
o moriré temblando

y al caer entre vaivenes
sin tener apenas prisa,
me despediré rezando.

Otoño en la piel,
y el día pasando...

Florinda Ramos Gil
Barcelona, viendo partir a mi madre.
Octubre, 2008

jueves, 4 de septiembre de 2014

TU MIRADA

Tan segura estaba yo
de la eternidad de tu mirada
que no me percaté de su belleza.
y ahora que yo busco
tus ojos en los míos
no hay luz ni sombra...solo frío.

Que no te olvidaré,
tu ya lo sabes.
Que siempre vivirás
en mi recuerdo,
y aunque estire mi brazo
en esta nada que atropella mi alma,
siento alivio...
de rozar tus mejillas tan hermosas.

Madre mía, te fuiste callandito...,
y en la tarde recuerdo
aquellas cosas
que me dijeron tus ojos 
antes de partir.

Yo pensé que siempre,
siempre te tendría.
Yo creí que era eterna tu mirada.
Ahora se como duele la noche.

Cuando muerde la noche.
Cuando llora mi alma.

Florinda.

(2009)


"ALIAS MARY WITTMAN"

"...Y así seguimos.El me hace una pregunta, yo le doy una respuesta y él la anota. En la sala de justicia todas las palabras que salían de mi boca quedaban como grabadas a fuego en el papel en el que escribían, y en cuanto decía una cosa, sabía que nunca podría retirar las palabras; sólo que las palabras eran equivocadas, pues cualquier cosa que dijera la retorcían, aunque fuera la pura verdad.
Lo mismo ocurría con el doctor Bannerling en el manicomio. Pero ahora me parece que todo lo que digo está bien. Con tal que diga algo, lo que sea, el doctor Jordan sonríe y lo anota, y me dice que lo estoy haciendo muy bien.
Mientras escribe, es como si me estuviera dibujando, o más bien como si estuviera dibujando sobre mi, sobre mi piel, no con el lápiz que utiliza sino con una anticuada pluma de oca, y no con el extremo del cañón sino con el de la pluma.
Como si cientos de mariposas se posaran sobre mi cara y abrieran y cerraran suavemente las alas.
Pero por debajo siento otra cosa, una sensación de estar completamente despierta y vigilante. Es como despertarse de repente en mitad de la noche sintiendo una mano sobre la cara e incorporarte con el corazón desbocado y ver que no hay nadie.
Y por debajo de eso se percibe otra sensación, la sensación de que te desgarran para abrirte; no como un cuerpo de carne, no duele tanto eso, sino como un melocotón desgarrado, sino un melocotón demasiado maduro que se hubiera abierto espontáneamente.
Y dentro del melocotón hay una piedra."

Margaret Atwood.  ( Alias Mary Wittman )

sábado, 19 de julio de 2014

ALAS DE MARIPOSA

Esta es una adaptación libre sobre un relato tradicional japonés que he escrito, espero que os guste.



 
Erase una vez en Japón, hace muchos, muchos años, un hombre humilde, campesino muy trabajador, que en los pocos ratos que tenía libres tomaba sus pinceles y los dedicaba a pintar. Iroshi, que así se llamaba el hombre, tenía el alma de artista y el don en sus manos, pero la vida le había hecho responsable de sacar adelante a una familia así que pocos eran esos momentos en los que se deleitaba con sus pinturas. Iroshi tenía una hija bellísima a la que llamó Dulce, era tan bella que cuando salía a pasear por el campo las flores se abrían a su paso exhalando su perfume y los pájaros detenían su vuelo, se posaban en las ramas de los árboles y regalaban sus trinos a la bella Dulce.
 
Un día su padre le dijo;
 
-Hija mía, antes de que muera quisiera plasmar tu belleza con mis pinceles, pero no usaré lienzo ni tela, sino que pediré a todas las mariposas que vea que me dejen sus alas para que allí pinte tu rostro
 
 
 
Y así lo hizo. Durante días y días Iroshi pintó en cientos de alas de mariposa el bello rostro de Dulce. Las mariposas volaban, iban y venían alrededor del pintor y su hija en un espectáculo de colorido y armonía. Cuando Iroshi terminó su labor, se fue a descansar y ya no se volvió a despertar jamás.
 
 
 
Pasaron los días y estando el joven emperador de Japón disfrutando de su jardín vio posar sobre una planta una hermosa mariposa cuyo extraño colorido le llamó la atención. Se acercó sigiloso y observó un buen rato el rostro pintado de la joven mas hermosa que jamás hubiera visto. Enseguida se enamoró perdidamente, mandó a sus guardias que capturaran con cuidado a la mariposa para poder verla con detenimiento. Así lo hicieron. El joven emperador, desde ese día, pasaba horas contemplando ese rostro en las alas ya secas de la mariposa. Su amor no cesaba y comprendiendo que debía de hacer algo al respecto, mandó lo siguiente;
 
 
 
-Quiero que a partir de hoy la guardia salga a buscar por todo el Imperio la dueña de ese retrato. No escatimar esfuerzos porque cuando la encontreis la convertiré en mi esposa y recompensaré con creces vuestra dedicación. Tal es mi deseo.
 
 
 
Los guardias de la corte buscaban por doquier y cuando encontraban a una joven de singular belleza la llevaban hasta el palacio para compararla con la joven del retrato. Ninguna era tan bella, ninguna alcanzaba tal grado de perfección, y así pasaron años hasta que el emperador, cansado ya de la situación, malhumorado y solitario, mandó que las doncellas que aún traidas a la fuerza llegaran hasta el palacio y no fueran la joven de la mariposa, morirían decapitadas.
 
 
 
El pánico se extendió por todo el reino, las familias escondían a sus hijas casaderas, ya fuesen bellas o feas, todos temían el carácter agrio y autoritario del emperador y éste se volvió mas tirano cada día que pasaba. Con la esperanza de que algún día encontraran a la muchacha verdadera, los guardias le seguían llevando doncellas, pero todas corrían la misma suerte.
 
 
 
Pasó el tiempo, el emperador se hizo viejo y permaneció solo y amargado, todos los días contemplaba la frágil mariposa seca y aquel rostro sublime que le había transtornado la vida entera, tan inalcanzable y etéreo como una brisa de aire.
 
 
 
La joven Dulce había permanecido toda su vida en la humilde casa paterna, ajena a todo lo que su belleza había provocado, hasta que un día llegó la noticia de los hechos del palacio y eso le hirió profundamente. Se sintió mal y quiso reparar el mal causado, le dijo a su familia;
 
  • me voy al palacio del Emperador, tiene que saber que la joven pintada soy yo para que así cesen las muertes inocentes.
 
Una mañana se presentó sola en el palacio, pidió ver al Emperador y entró en su habitación.
 
 
 
  • Gran Señor, no busqueis mas, yo soy Dulce, la joven pintada en las alas de la mariposa. Mi padre antes de morir dedicó sus últimos días a pintar mi rostro en cientos de ellas que luego partían libres.
 
El Emperador la contempló largo rato, abrió una ventana y un rayo de luz fue a dar en pleno rostro de Dulce, pero la belleza que antaño había sido de seda y terciopelo ahora estaba poblada de arrugas y vejez.
 
 
 
-No. – contestó el Emperador- Me engañas, tu no puedes ser mi enamorada, tu eres vieja y tu piel está llena de arrugas. Como has querido engañarme te condeno a que mueras igual que las otras que lo han intentado, te cortarán la cabeza hoy mismo.
 
 
 
De nada sirvieron las súplicas de Dulce, los guardias la llevaron al calabozo y al atardecer fue decapitada.
 
Cuentan que en el mismo instante en que la cabeza de Dulce se separó de su cuello el Emperador sintió tanto dolor en su pecho que lanzó un grito al aire y ese aire hizo volar las alas secas de la mariposa pintada que, hechas polvo dorado, voló por la ventana del palacio perdiéndose para siempre.
 
 
 
Nada en este mundo de las apariencias es real ni perdurable, aún la mas excelente de las virtudes puede ser para otros la mayor de las desgracias, y la mayor muestra de amor puede volverse tiranía en el mundo de los apegos.
Florinda.



LAS VOCES DE LOS HOMBRES

Había una vez un hombre que tenía un extraño don; podía escuchar al unísono todas las voces de los hombres. Y de todos los tiempos, desde que el mundo fue creado, de modo que su cabeza era un constante parlamento en cientos de idiomas.
Lejos de alegrarse por ello, el hombre sufría terriblemente por tal circunstancia, pues no tenía descanso ni tregua alguna, día y noche las conversaciones, las risas, los llantos, las canciones no le dejaban tranquilo.
Ningún médico ni sacerdote le había podido curar, andaba el pobre dando tumbos, con las manos puestas en las orejas, demacrado y enloquecido, poseido por todas las voces de los hombres. Desesperado, acudió a la casa de un joven que tenía fama de milagrero y, a pesar de su poca fe, le pidió, le rogó arrodillado una solución para su problema.
El joven le escuchó en silencio, impasible ante su dolor, al cabo de unos momentos le tomó por los hombros, le hizo sentarse enfrente suyo y le preguntó;
-dime, ¿desde cuando tienes ese don?
-no recuerdo - respondió el hombre - desde siempre...apenas puedo hablar, pues no se ni lo que digo.
-tu problema es muy complejo. Debes de ser muy sabio puesto que escuchas todo lo que se ha dicho desde el principio de los tiempos, o quizás eres un gran necio si has hecho caso de todas las mentiras y patrañas que se dicen.
-ni una cosa ni otra, joven médico - respondió el hombre aturdido - jamás hize caso de ningún discurso.
El joven se mesó la barba ymirando al hombre con ojos de asombro preguntó;
-¿me quieres decir que en toda tu vida y con todos los hombres hablando en tu cabeza, jamás prestastes atención a una sola palabra?
-Así es, gran sabio, ¿acaso debía?
-¿nisiquiera los lamentos escuchastes?
-es que son tantos, además...¿cómo puedo saber yo cual es sincero y cual no?, ¡yo solo quiero que desaparezcan de mi cabeza para siempre!
El joven citó al hombre para que le volviera a visitar al día siguiente.
-ve con Dios, veré que puedo hacer por ti.




Al amanecer, el hombre que había esperado en la puerta de la casa del joven, le llamó ansioso
.-¡Dime por favor, las voces no callan, ya no caben en mi cabeza, creo que voy a enloquecer!
El joven, muy tranquilo, se preparó el desayuno, le dió de beber al hombre, y cuando acabó le hizo ademán de que se sentara frente a él. Entonces le dijo;
-Tengo dos noticias que darte. La primera dependerá de que tu aceptes la segunda.
-¡habla ya, joven del demonio!
-puedo quitar para siempre de tu cabeza las voces de los hombres, a condición de que aceptes ser un burro.
El hombre abrió los ojos desmesuradamente. No podía creer lo que escuchaba. Tras unos momentos de duda y asombro se atrevió a preguntar;
-¿quieres decirme que nunca mas escucharé las voces de los hombres dentro de mi cabeza?
-así es, te doy mi palabra.
-pero...un burro yo...una bestia de carga...¿qué clase de vida me espera?
-la vida de un burro, evidentemente. Pero a cambio tendrás lo que me pedistes.


No sin pena, el hombre aceptó, tal era su desesperación, y cuando salió de la casa era ya un pequeño burro pardo que se fue trotando por el camino. Desde luego el joven cumplió su palabra y nunca mas escuchó las voces de los hombres en su cabeza, sin embargo....
Había una vez un pequeño burro pardo que tenía un extraño don; podía escuchar al unísono todos los rebuznos de todos los burros que en el mundo han sido...
Florinda Ramos.
Dedicado a todos los que confunden palabras con rebuznos