"...Y así seguimos.El me hace una pregunta, yo le doy una respuesta y él la anota. En la sala de justicia todas las palabras que salían de mi boca quedaban como grabadas a fuego en el papel en el que escribían, y en cuanto decía una cosa, sabía que nunca podría retirar las palabras; sólo que las palabras eran equivocadas, pues cualquier cosa que dijera la retorcían, aunque fuera la pura verdad.
Lo mismo ocurría con el doctor Bannerling en el manicomio. Pero ahora me parece que todo lo que digo está bien. Con tal que diga algo, lo que sea, el doctor Jordan sonríe y lo anota, y me dice que lo estoy haciendo muy bien.
Mientras escribe, es como si me estuviera dibujando, o más bien como si estuviera dibujando sobre mi, sobre mi piel, no con el lápiz que utiliza sino con una anticuada pluma de oca, y no con el extremo del cañón sino con el de la pluma.
Como si cientos de mariposas se posaran sobre mi cara y abrieran y cerraran suavemente las alas.
Pero por debajo siento otra cosa, una sensación de estar completamente despierta y vigilante. Es como despertarse de repente en mitad de la noche sintiendo una mano sobre la cara e incorporarte con el corazón desbocado y ver que no hay nadie.
Y por debajo de eso se percibe otra sensación, la sensación de que te desgarran para abrirte; no como un cuerpo de carne, no duele tanto eso, sino como un melocotón desgarrado, sino un melocotón demasiado maduro que se hubiera abierto espontáneamente.
Y dentro del melocotón hay una piedra."
Margaret Atwood. ( Alias Mary Wittman )

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