martes, 8 de diciembre de 2015

SNEGOROCHKA, LA NIÑA DE NIEVE

En el hogar de la humilde casa aldeana brillaban unos troncos encendidos. Por la ventana entraba la luz fría de la mañana blanca de nieve. Los dos viejecitos se habían recogido al amor de la lumbre, y abuela marucha rodeaba de brasas la marmita donde bullía la sopa en un hervor lento.

Abuela Marucha estaba triste, Habían pasado los años encorvándola con su pesadumbre y blanqueando su cabeza con la nieve de los inviernos. Habían pasado los años llevándose la ilusión de los dos viejos; la ilusión de que les naciera un hijo que les hubiera llenado de alegría la vida.

El viejo Yuchko trajo un haz de palos secos para avivar eñ fuego. La cocina se llenó del rumor de la leña al arder. Fuera se oía la alegría de unos niños que jugaban. El abuelo Yuchko se asomó a la ventana. Los niños bailaban y reían formando un corro alrededor de una figura de nieve.

- oye Marucha, ven y verás que muñeco han hecho – dijo Yuchko con entusiasmo.

Los dos viejecitos se reían viendo reir a los niños. El muñeco de nieve, gordo, rechoncho, tenía cierto parecido con el alcalde del pueblo. ¡Demonios de chiquillos!

De pronto Yuchko cesó de reir y dijo:

- Marucha, vamos a ver si nosotros podemos hacer uno pequeñito, ¿quieres?

- Pero , hombre, ¡que cosas tienes! ¿No ves que la gente se reiría de nosotros? Ya somos viejos para hacer esas cosas de niños.

-No importa – insistió Yuchko -, ya verás: procuraremos que nadie nos vea. Haremos un muñeco pequeñito; como un niño, así, muy lindo.

Abuela Marucha se dejó llevar.Retiró del fuego la marmita, se encasquetó un gorro de piel y salió con Yuchko. Al pasar junto a los niños que jugaban se detuvieron a jugar con ellos, saltando y cantando con la misma alegría infantil. Después se fueron retirando poco a poco hasta llegar a un bosquecillo donde los árboles eran altos y la nieve era blanquísima.

Los viejecillos comenzaron a amontonar nieve. Los dos, de rodillas, iban dando forma al montón blanco. Un niño pequeñito, como un bebé. Ya estaba el cuerpo formado. Ahora la cabeza. Un buen montón de nieve encima para que tuviera abundantes cabellos, dos puñados para las mejillas, un poquito, muy poco para la nariz, dos ahujeros grandes para los ojos...¡Ah! Ya estaba. Era precioso. Se abrazaban mirando su obra y bailaban de alegría, pero, de pronto se detuvieron atentos. Habían visto algo extraño. Se fueron acercando. Miraban asombrados y silenciosos. Los dos ahujeros de la cabeza del muñeco se fueron llenando de color azul, y en ellos nacieron unos ojos que miraban fijamente. La cara ya no era blanca; las mejillas se volvieron redondas y rosadas, y la boca se movía en una deliciosa sonrisa. Un soplo de viento hizo temblar la nieve, que se deslizó en largos cabellos dorados bajo un gorrito de piel y en blanco vestido que se confundió en plieges con la nieve del suelo.

El tosco muñequito se había convertido en una niña preciosa como una criatura de ensueño.

Los dos viejecillos se miraban asombrados. Sí, si, era verdad: no era un sueño; la niña estaba allí muy cerca y se movía y tendía los brazos llamándolos. Y, al cogerla y sentir el calor tibioy el beso con que los acariciaba, sintieron que la vida les renacía en el corazón.

Rápidos, apretaron a la niña entre los brazos y volvieron a la casa temblorosos de emoción y de felicidad.

Junto al hogar abuela Marucha brizaba a la niña en sus rodillas para dormirla con una canción. De la campana de la chimenea colgaba un gorrito de piel y cerca de la losa del fuego se calentaban unos lindos zapatitos blancos.

El viejo Yuchko se acercó para hablar en voz muy baja

- Oye, Marucha, ya tenemos una niña, la hemos hecho con nieve. Y estoy pensando que la debemos llamar Snegorochka, ¿Te parece?

La abuela asintió con la cabeza y con la sonrisa.

Durmieron aquella noche entre felices y temerosos de que todo hubiera sido un sueño muy corto, pero a la mañana siguiente allí estaba la niña junto a ellos, riendo y hablando contenta. Porque hablaba ya y había crecido en tan poco tiempo y sus cabellos eran mucho mas largos. ¡Era un encanto!.

Aquel día hubo gran fiesta en la casa. Abuela Marucha se afanó en preparar toda clase de dulces y golosinas. Abuelo Yuchko avisó a los músicos y a todos los niños y niñas del pueblo. Los bailes, las canciones, la alegría se prolongaron hasta hora bien avanzada. Los niños soñaron toda la noche con la preciosa Snegorochka de cabellos de oro y ojos azules.

Snegorochka parecía haberse escapado de un cuento maravilloso. Jugando con los niños les enseñaba a construir castillos y palacios de nieve con salas como de mármol y fuentes magníficas. Parecía como si la nieve obedeciera a las manitas de Snegorochka que le hacían tomar formas caprichosas e imposibles. Y cuando danzaba para enseñar a los pequeños como caían los copos en la nevada, primero en torbellino y al final lenta y suavemente, todos quedaban maravillados. Snegorochka era una niña de un cuento de nieve.

Se alejaba el invierno y la tierra, descubierta de blancura, se iba tornando verde. Los árboles comenzaban a cubrir su esqueleto con un vestido de hojas nacientes. El aire tibio se cargaba de cantos y aromas de primavera. El sol brillaba limpio.

Una mañana abuela Marucha cuidaba junto al fuego el hervor de la marmita rodeada de brasas. Abuelo Yuchko acababa de amontonar en la cocina un hacecillo de leña. Una mañana como aquella de invierno en que vieron jugar a los niños alrededor del muñeco de nieve; pero aquella mañana era triste y ahora estaba allí alegrando la casa y la vida entera Snegorochka; junto a la ventana, mirando el prado con florecillas doradas y los árboles verdes de hojas.

Yuchko advirtió que la cara de Snegorochka estaba pálida y que sus ojos se empañaban en una extraña tristeza.

- ¿Que tienes, Snegorochka, te sientes mal? - preguntó.

-No, no- respondió tristemente-, es que me falta la nieve y no puedo vivir sin ella. La hierba verde no es tan bonita. Es mas bella la hermosa hermana blanca- y Snegorochka tuvo un leve temblor.

Al día siguiente apareció tan pálida y tan triste que los dos viejos se miraron alarmados.

-¿Qué le pasa a la niña? - preguntó temerosa Marucha.

Yuchko no respondió. No sabía. Inclinó la cabeza ocultando un gesto de pena. Después se dirigió a Snegorochka aparentando contento.

-¿En que piensa mi pequeña? ¿por qué no sales a jugar al campo con los niños? ¿es qué ya no los quieres?

- No sé, padrecito Yuchko, pero siento aquí dentro como si al respirar el aire tibio se me deshiciera pocoa poco el corazón.

-Vamos, anímate- dijo el viejo- Ven con nosotros. Yo te llevaré en brazos y no dejaré que te llegue el viento. Verás que preciosas flores ha traido la primavera.

Marucha apartó la marmita del fuego. Salieron los tres al campo. Yuchko abrazaba a Snegorochka para defenderla de la brisa.

Un aire suave y cálido, perfumado de flores los envolvió. Snegorochka se encogió estremecida. Los dos viejecitos la animaron y la llevaron abrazada hasta un bosquecillo florido. Pero, al pasar junto a un grupo de copudos árboles, un brillante rayo de sol vino a herir a la niña como una espada.

Snegorochka desfalleció con un grito de angustia. Sus ojos se empañaron y se llenaron de lágrimas. Yuchko y Marucha aguardaban ansiosos y acongojados. El cuerpo de la niña se fue reduciendo, se fue deshaciendo poco a poco, y se fundió despacito hasta convertirse en menudas gotas de rocío sobre la hierba.

La nieve en las montañas se deshacía a los primeros rayos del Sol.





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