Nací en Logroño en 1969, soy licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra y ejerzo desde 1992 como abogado en La Rioja.
Soy un gran amante de la música. Pianista de formación clásica y más tarde teclista y cantante de rock, he formado parte de diversas bandas -con un disco premiado en la década de los 90- y he compuesto canciones para otros artistas.
También soy un viajero incansable. He recorrido medio mundo buscando nuevas sensaciones y, en los últimos años, también inspiración para mis novelas. Madagascar, Etiopía, Botswana, Namibia, Líbano, Siria, Bután, Sri Lanka, Myanmar, Nepal, Tíbet, India, Vietnam, Indonesia, Japón, Perú o Ecuador, entre otros muchos, ilustran mis galerías de fotos y recuerdos.
Colaboro en programas de radio de emisión nacional en los que comparto esas experiencias viajeras, fusionándolas con la literatura.
Desde hace cuatro años dirijo el Aula de Cultura de Vocento en La Rioja, organizando una charla mensual sobre los temas más diversos. Y yo mismo imparto por toda España conferencias sobre creatividad y otros temas inspiracionales. “Reinvéntate! para alcanzar tus metas” y “Viajar: 10 enseñanzas para mejorar tu vida” están siendo dos nuevas fuentes de inspiración en diversos foros.
Mi ópera prima, “El guardián de la flor de loto”, ha superado los 100.000 lectores en España y se ha traducido a varios idiomas. Actualmente se encuentra en proceso de adaptación cinematográfica en Hollywood, habiéndose confeccionado ya el guión adaptado por una productora de Los Ángeles.
“El compositor de tormentas”, finalista del VIII Premio de Novela Ciudad de Torrevieja, sigue el mismo camino de éxito internacional. Alemania, Chequia, Polonia, Brasil y Portugal ya preparan nuevas ediciones. En palabras del jurado del premio, no pierde un ápice del sentido de la aventura, la sensibilidad y el romanticismo de mi primera novela.
“El haiku de las palabras perdidas”, mi tercera novela, también está siendo traducida en varios países. En España ya está a la venta su tercera edición, habiendo vendido 30.000 ejemplares desde su reciente lanzamiento.
Sitio web oficial: http://www.andrespascual.com/
Andrés Pascual El haiku de las palabras perdidas
13
fue haciéndose el silencio hasta que no se oyó nada salvo la música: el gran
tambor taiko y, tras él, la melodía de la flauta de bambú, que apareció como una
libélula a la que no se ve llegar y rondó por el escenario hasta que quedó
atrapada en los estridentes acordes del shamisen, el laúd de cuerdas de seda
que iba tejiendo su telaraña. Fue en aquel momento cuando Kazuo miró a su
izquierda y la vio sentada en su misma fila. Sonreía achinando aún más sus ojos
rasgados y se tapaba la boca para cuchichear con sus amigas. Enseguida
advirtió que desprendía una luz especial. Ella era la verdadera diosa del Sol.
Ella, y no los actores, era la que con cualquier movimiento de su cuello, de sus
manos, le transportaba a un lugar diferente, a un tiempo en el que todo fluía
armónico...
— ¿Cómo que he tardado? —replicó Junko recuperando el resuello tras la
subida a la loma—. Lo que nos sobra es tiempo.
—El doctor —le corrigió Kazuo— dice que hay que vivir cada segundo como
si fuera el último.
—El doctor Sato habla como un monje. No vayas a empezar a hablar tú como
él.
—No tendré oportunidad de hacerlo.
—¿Por qué dices eso?
—Porque moriré en esta guerra —concluyó de forma afectada, perdiendo la
mirada en el valle—. Entonces te arrepentirás de haber llegado tarde hoy.
—Tú nunca serás un soldado.
—¿A qué viene eso?
—Te llamas Kazuo.
Kazuo significaba «hombre de paz». Fue él mismo quien, años atrás, le rogó
al doctor Sato que le cambiase el nombre de Victor por otro japonés. Era una
forma de alejarse de su vida anterior y, con ello, atenuar su sufrimiento.
—En la oficina de alistamiento no les importa cómo te llamas.
—Además no sabrías en qué bando luchar —insistió ella.
—Eres tonta.
—Mira tu pelo. Eres rubio como ellos.
Kazuo sabía que en aquellas palabras no había malicia. Más bien se trataba
de solidaridad. ¿Cómo podía leer con tanta exactitud los conflictos que le
azotaban si nunca se los había revelado? Se alegró de comprobar que se estaban
convirtiendo en una sola persona.
—Yo soy rubio como el sol naciente —contestó.
13
fue haciéndose el silencio hasta que no se oyó nada salvo la música: el gran
tambor taiko y, tras él, la melodía de la flauta de bambú, que apareció como una
libélula a la que no se ve llegar y rondó por el escenario hasta que quedó
atrapada en los estridentes acordes del shamisen, el laúd de cuerdas de seda
que iba tejiendo su telaraña. Fue en aquel momento cuando Kazuo miró a su
izquierda y la vio sentada en su misma fila. Sonreía achinando aún más sus ojos
rasgados y se tapaba la boca para cuchichear con sus amigas. Enseguida
advirtió que desprendía una luz especial. Ella era la verdadera diosa del Sol.
Ella, y no los actores, era la que con cualquier movimiento de su cuello, de sus
manos, le transportaba a un lugar diferente, a un tiempo en el que todo fluía
armónico...
— ¿Cómo que he tardado? —replicó Junko recuperando el resuello tras la
subida a la loma—. Lo que nos sobra es tiempo.
—El doctor —le corrigió Kazuo— dice que hay que vivir cada segundo como
si fuera el último.
—El doctor Sato habla como un monje. No vayas a empezar a hablar tú como
él.
—No tendré oportunidad de hacerlo.
—¿Por qué dices eso?
—Porque moriré en esta guerra —concluyó de forma afectada, perdiendo la
mirada en el valle—. Entonces te arrepentirás de haber llegado tarde hoy.
—Tú nunca serás un soldado.
—¿A qué viene eso?
—Te llamas Kazuo.
Kazuo significaba «hombre de paz». Fue él mismo quien, años atrás, le rogó
al doctor Sato que le cambiase el nombre de Victor por otro japonés. Era una
forma de alejarse de su vida anterior y, con ello, atenuar su sufrimiento.
—En la oficina de alistamiento no les importa cómo te llamas.
—Además no sabrías en qué bando luchar —insistió ella.
—Eres tonta.
—Mira tu pelo. Eres rubio como ellos.
Kazuo sabía que en aquellas palabras no había malicia. Más bien se trataba
de solidaridad. ¿Cómo podía leer con tanta exactitud los conflictos que le
azotaban si nunca se los había revelado? Se alegró de comprobar que se estaban
convirtiendo en una sola persona.
—Yo soy rubio como el sol naciente —contestó.