Año
1306: con su puñal de curva hoja, Belibasta mata. Huye al sur de los
Pirineos. De Occitània a Morella. ¡De asesino a santón! Un Jesucristo
junto a su Magdalena.Unos creyentes, últimos cátaros ocultos en villas
catalanas, aragonesas y valencianas. Un fiel y trashumante pastor de
ovejas. Un inquisidor que ambiciona ser Papa. Un codicioso y astuto
espía. Una viuda emancipada y envenenadora. ¡De la amistad a la
traición! De un concubinato a un matrimonio forzado. Año 1321: de un
viaje sacrificial a un parto. Y de un puñal a una piedra tallada…Esta
absorbente novela, basada en hechos y personajes rigurosamente
históricos, reconstruye vida cotidiana, sueños y creencias de un puñado
de herejes en los albores del siglo XIV.Tesoros y rebaños, moriscos y
adivinos, rituales e inquisidores, judíos y templarios, canteros y
burdeles se entrecruzan en los paisajes de una historia real. Lo
espiritual y lo carnal confluyen en una trama de hace setecientos años
en la que el amor dirá la última palabra...
"El joven esculpe y canturrea,
canturrea y cincela, fuera del mundo.
O tan fundido en él que no siente
peso ni roce alguno. Sus manos ya
vuelan solas, guiadas por un
conocimiento que le traspasa, que no
es suyo, que es del aire y de la
piedra, y en esta suspensión de los
sentidos recuerda el día en que tomó
por primera vez las herramientas de
cantería, a los siete años. Desde muy
niño le llevó su madre al taller de los
canteros de Morella, donde el
maestro Pere del Bon Ull se hizo
cargo de su educación. Su venerable
maestro, conocedor de todos los
secretos de la piedra, y de cómo la
piedra se labra y se trabaja como se
trabaja el alma del hombre.
El joven ha aprendido que el buen
cantero extrae de la piedra bruta e
informe, con su arte y dedicación,
formas elevadas y sutiles que sonríen
y cantan, corren y vuelan, que hablan
y rezan. Del mismo modo, el alma
puede labrarse, tallarse y pulirse
hasta volar, elevarse y hablar con los
animales y los bosques, el viento y
las nubes, y entender así el mensaje
de Dios, que es el del Amor
incondicional. Si una piedra puede
levitar a muchos metros sobre el
suelo en el cielo de templos y
catedrales, sin caer al suelo hasta el
fin de los tiempos, así puede también
levitar y elevarse el alma humana
hasta conocer el cielo y el fin de los
tiempos...."
canturrea y cincela, fuera del mundo.
O tan fundido en él que no siente
peso ni roce alguno. Sus manos ya
vuelan solas, guiadas por un
conocimiento que le traspasa, que no
es suyo, que es del aire y de la
piedra, y en esta suspensión de los
sentidos recuerda el día en que tomó
por primera vez las herramientas de
cantería, a los siete años. Desde muy
niño le llevó su madre al taller de los
canteros de Morella, donde el
maestro Pere del Bon Ull se hizo
cargo de su educación. Su venerable
maestro, conocedor de todos los
secretos de la piedra, y de cómo la
piedra se labra y se trabaja como se
trabaja el alma del hombre.
El joven ha aprendido que el buen
cantero extrae de la piedra bruta e
informe, con su arte y dedicación,
formas elevadas y sutiles que sonríen
y cantan, corren y vuelan, que hablan
y rezan. Del mismo modo, el alma
puede labrarse, tallarse y pulirse
hasta volar, elevarse y hablar con los
animales y los bosques, el viento y
las nubes, y entender así el mensaje
de Dios, que es el del Amor
incondicional. Si una piedra puede
levitar a muchos metros sobre el
suelo en el cielo de templos y
catedrales, sin caer al suelo hasta el
fin de los tiempos, así puede también
levitar y elevarse el alma humana
hasta conocer el cielo y el fin de los
tiempos...."
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